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Siempre se pone “m” ( y no “n”) antes de “p” y “b”

Todas las palabras teminadas en -ón tienen tilde porque son agudas

Fría se escribe con tilde porque es un hiato

De repente se escribe separado
Me levanto temprano de la cama, y me doy una ducha de agua fría. Tengo que sacar a pasear al perro, lo que me da mucha pereza. Cojo la correa y saco a pasear a Spiky, mi perro. Spiky oye un nido de ratas, y se pone a ladrar. El día me muestra su mejor cara, rosada y anaranjada por el amanecer. Pero de repente el cielo se empieza a nublar y cae un rayo seguido de un trueno a una distancia lejana, un mal augurio. Me pongo en camino a casa para coger mi mochila y dirigirme a clase, y ya son alrededor de las ocho. En efecto, y como todas las horas, suenan las campanas de la iglesia. En ese momento me dirijo a clase, a un buen paso. Hoy hay mercado en el parque, donde se acercan mayormente las señoras para hacer sus compras de productos naturales y frescos. Llego a clase, pero me encuentro a todos de mal rollo y les pregunto:
— ¿Que os sucede?
— Nos han robado Kevin, ¡¡ nos han robado !!— me contesto Iñigo malhumorado.
— ¿A quien? ¿Que?— pregunte intrigado.
— ¡¡ Nos han robado el dinero del viaje de estudios !!
Con esa contestación me contagio del mal rollo que se respira en la sala, y empiezo a pensar en que la vida se explica con lo que he vivido esta mañana: puede ser tan bonita como el amanecer, y momentaneamente dar un giro inesperado reflejado en nubarrones.
La historia del agujero sinuoso se remonta al año 2003, en el que yo todavía estudiaba en el inocente curso de primero. En aquel momento, el colegio no pasaba su mejor momento (en lo que al tipo de alumnado se refiere), ya que los alumnos eran unos gamberros.
Los profesores estaban aterrorizados por sus propios alumnos, debido a que recibían constantes amenazas del alumnado más adulto. Un día un profesor le plantó cara al alumno que no debía, Iñigo Corrales. Iñigo cogió al profesor cuando este se acercaba al baño, le agarró y tras una puñalada en el hígado le tapó la herida con un trapo y le metió en el cuarto de los balones, mientras repetía que esa tarde iría a deshacerse del cuerpo sin vida del profesor. Nadie vio esa escena excepto un alumno rezagado que se había quedado en el baño por un apretón, yo.
Al salir de clase llamé a mi madre y le dije que me quedaría en el colegio para estudiar, pero lo que en verdad quería era ver al asesino en acción. Me escondí en los vestuarios contiguos al cuarto de balones, en el que el cuerpo sin vida esperaba su aun no decidido final. El asesino aprovechó las obras en el suelo de una clase para enterrar al infortunado profesor. Tras un rito satánico el asesino cogió una broca del ocho y le perforó la cabeza, la que fríamente le dejó en la mano fría y rígida, sin vida.
Después de este acto el asesino se suicidó tirándose de cabeza desde el pico de Cavia al pozo, donde la policía pensó que había arrojado el cuerpo del profesor primero. Desde entonces, aparecen marcas en el suelo que parecen marcas circulares de humedad, pero yo sé que tras esos agujeros hay algo más de lo que piensan.

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