Me levanto temprano de la cama, y me doy una ducha de agua fría. Tengo que sacar a pasear al perro, lo que me da mucha pereza. Cojo la correa y saco a pasear a Spiky, mi perro. Spiky oye un nido de ratas, y se pone a ladrar. El día me muestra su mejor cara, rosada y anaranjada por el amanecer. Pero de repente el cielo se empieza a nublar y cae un rayo seguido de un trueno a una distancia lejana, un mal augurio. Me pongo en camino a casa para coger mi mochila y dirigirme a clase, y ya son alrededor de las ocho. En efecto, y como todas las horas, suenan las campanas de la iglesia. En ese momento me dirijo a clase, a un buen paso. Hoy hay mercado en el parque, donde se acercan mayormente las señoras para hacer sus compras de productos naturales y frescos. Llego a clase, pero me encuentro a todos de mal rollo y les pregunto:

— ¿Que os sucede?

— Nos han robado Kevin, ¡¡ nos han robado !!— me contesto Iñigo malhumorado.

— ¿A quien? ¿Que?— pregunte intrigado.

— ¡¡ Nos han robado el dinero del viaje de estudios !!

            Con esa contestación me contagio del mal rollo que se respira en la sala, y empiezo a pensar en que la vida se explica con lo que he vivido esta mañana: puede ser tan bonita como el amanecer, y momentaneamente dar un giro inesperado reflejado en nubarrones.